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Reto Creativo #4 Relatos de Halloween


Hola a Tod@s

Hoy por fin podréis leer los relatos de Halloween de los participantes en este Reto, ¿Preparados?

Próximamente pondré una encuesta en el blog y Twitter en la que podréis votar el relato que más os haya gustado. 
El ganador recibirá una imagen especial para identificarle como ganador de reto y una entrevista especial con la que inauguraré mi nueva sección de Entrevistas.
Estoy segura de que querréis conocer un poco más a los autores de estos maravillosos relatos. Personalmente creo que, aunque sólo sean cuatro, son geniales y están muy a la par en cuanto a calidad, originalidad y creatividad.

Sin más dilación, aquí los tenéis: Cynthia Romero, Carlos Petti, Maria Matus y Talyuno.




Cynthia Romero

Título: Daydreaming
Blog: El fantasma en mi tintero (https://elfantasmaenmitintero.blogspot.com.es/2016/10/daydreaming.html)
Twitter: @ce_y_ene
 

pasilloUn día, la necesidad despertó. Necesitaba sol, aire fresco, viento que corriera con libertad sobre su cuerpo y revolviera sus cabellos, aroma a verde, sonido de campo. Pero las paredes grises que lo aprisionaban se habían convertido en su único escenario. El resplandor frío del tubo fluorescente hería sus ojos, el encierro ya era más que una sensación, podía respirarse, sentirse en cada poro. Así que corrió hacia la salida, esa que tantos habían usado, esa que compartía en aquel momento con otros que corrían, ansiosos. Desembocaron en un túnel oscuro. Más concreto, más vacío, ahora sin iluminación artificial. Puro negro.

Se desentendió del resto, cada uno haría su camino. Se concentró en avanzar, a paso decidido pero sin prisas, hacia una puerta que apareció a un costado. La pequeña franja de luz lo había llamado, al igual que al resto. Cuando pudo cerrar a sus espaldas, dejó atrás a la masa de caminantes para verse en el interior de otro pasillo. Un hotel, con sus pisos alfombrados en tonos pastel y bombillas de luz cálida que parecía más opresiva que la misma oscuridad. La tensión en su pecho, la idea de que no podría quedarse un minuto más ahí, o se ahogaría, lo obligaron a seguir avanzando. Abrió una de las decenas de puertas numeradas. Ingresó al corredor de un hospital. El ruido de sus pisadas, las llamadas por altavoz en un tono femenino que no modulaba bien las palabras, lo desesperaron.

Cuando atravesó el ingreso a un ala reservada al personal, no llegó a sentir el sonido de la hoja al volver a encajar en el marco. Se vio en medio de un centenar de lavadoras automáticas, que centrifugaban su contenido en sincronía.

No supo cómo se le ocurrió abrir la puerta de uno de los aparatos y esconderse allí. Sospechaba que algo no estaba del todo bien, pero no se le ocurría qué podía ser. A lo mejor, el hecho de no mojarse era lo único inesperado. O el que, en lugar de terminar rodando junto con el resto de la ropa, hubiese quedado quieto, encima de un mantel a cuadros, sobre una mesa ocupada con platos y cubiertos. Los comensales cuya comida había sido arruinada saltaron de sus sillas, espantados, y él debió arreglárselas para sortear a los camareros y los clientes hasta llegar a otra puerta.

Puertas, puertas.

Él intentaba seguir los carteles de «salida» y lo único que conseguía era entrar a lugares en los que no quería estar. Más pasillos, repletos de puertas con prometedores carteles y rendijas de luz brillante que, nada más atravesarlas, se convertían en el fondo de un cubículo de oficina o algún oscuro rincón de un bar de mala muerte. Y la necesidad de ver el exterior se hacía cada vez más grande. Y el corazón quería salirse de su pecho, desbocado. Y los pulmones amenazaban con marcharse también, exhaustos por lo que se había convertido en una carrera sin fin.

¿En qué momento había empezado a correr? ¿Por qué no podía detenerse a pensar, un instante?

Sus piernas seguían moviéndose, casi con vida propia. Sus pies dolían, de tanto recorrer distintas superficies, saltar, deslizarse, huir a distintas velocidades. Alguna mansión del siglo XVIII, el palacio de algún rey asiático, la tumba escondida en pasadizos intrincados de algún faraón egipcio. ¿Serían los zapatos? ¿Y si probaba quitándoselos? Para eso debía detenerse, primero.

Por fin, pudo sentir el aire frío desde la rendija de la salida de emergencia de un museo que jamás había visitado. Se abalanzó sobre ésta, exhausto. Al fin, lloró de alegría con solo ver el azul sobre su cabeza. El viento helado del invierno, el sol brillante que parecía saludarlo desde arriba, todo había valido la pena. Hasta que sintió que su cuerpo caía hacia atrás, sin remedio, como quien se hunde en un vacío infinito, de espaldas.

Entonces, despertó. Estaba sudado de pies a cabeza y confundido, muy confundido. El calambre en sus piernas no era lo peor, ni la debilidad general que sentía. El problema era que seguía en el punto de partida. Las paredes de concreto gris formaban, esta vez, un corredor largo por el que corrían otros, desesperados. Varios desaparecían por las puertas laterales, para volver a aparecer por la del frente.

Carlos Petti

Título: Lectura Nocturna
Perfil Google+: https://plus.google.com/116837376839076163729

Un leve cosquilleo le acarició la nuca, erizándole unos pocos vellos, y enfriándole levemente el rostro. Aún así, el estímulo no fue suficiente para frenarla, así que siguió leyendo, sentada sobre la silla negra que arrebató desde la sala hacia su cuarto; recargando su peso sobre los codos apoyados en el escritorio, que apuntado hacia la pared surcada de estantes llenos de libros, la desconectaba del todo con un mundo, para conectarla mejor con otro. Sólo la luz blanca y fría, de una linterna farol que era tibia al tacto, la mantenía en la clara burbuja que flotaba en el lago negro que inundabasu cuarto, toda su casa, y también las calles.
    Sus ojos caían en veloz picada por las hojas, y al releer el título del cuento, sintió cerrarse su garganta y secarse su boca: <<Lectura Nocturna>>, como la que ella hacía justo ahora. Aún así, siguió. No imaginaba lo que ocurría —Ni lo creía al leerlo en el cuento— fuera de su cuarto cerrado, cruzando el pasillo, bajando por las escaleras que chillaban en el escalón central, y doblado a la izquierda por la sala, hacia la cocina que también era living: Un montón de tinieblas se amontonaban y apretaban, y al agruparse en una masa oscura y deformada, diabólicamente convulsionaban con furia hasta fundirse con perfección monstruosa.
    Un escalofrío terrible, como punzadas de una aguja congelada entre cada unión de sus vértebras, y centenares de arañas frías enloquecidas en su espalda, la petrificó en su silla al leer entre los párrafos su exacta descripción; desde su cabello miel, manchado de rosa en las puntas, hasta sus anteojos rojos reforzados con cinta adhesiva trás un golpe. Tarde cayó en la cuenta de lo que pasaba, pues pudo oír rechinar los escalones con lentitud demencial, cuando en la casa sólo estaba ella, leyendo a las oscuras del apagón, en su cuarto cerrado con llave por la costumbre. 
    Intentó parar, pero no podía dejar de leer ahora que, sin voltearse, podía ver la puerta abriéndose, pues el sonido del cerrojo girando era más que suficiente para imaginar la escena entera. La pálida luz del farol parpadeaba, se moría para no contemplar algo peor. La chica, aun así, siguió leyendo: <<...y en la oscuridad de la habitación, que retrocedía y avanzaba ante la luz que se encendía y se apagaba, entre el silencio que abombaba al cuarto, la chica oía cómo algo viscoso y nauseabundo se arrastraba con pesadez horrenda por la habitación, a sus espaldas frías, mientras seguía leyendo...>>.
    Se detuvo un instante, pues las lágrimas de espanto y miedo le turbaban la vista y le manchaban los lentes. Se quitó las gafas, y mientras las secaba con su blusa café, pudo sentir cómo callaba todo en el cuarto, incluso aquel horrible sonido rastrero. Un aire caliente le humedeció la nuca: Era un aliento. No volvió a ponerse los lentes, y cerro sus ojos para no leer ni por error una oración más...

    Cuando amaneció y el sol la despertó sobre su escritorio, tardó un poco en recordar la noche anterior, pero apenas vió las páginas al frente, bajó sus manos, las apartó brutalmente, y giró veloz para ver tras de sí: sólo su cuarto, bañado con la luz de la mañana. Nada más.
    Al buscar con sus pies descalzos las pantuflas rosas con las que anoche se había puesto a leer, sintió algo extraño en el suelo, y al mismo tiempo, también captó con la nariz un aroma muy raro. Se inclinó a un lado, para ver bajo el mueble en el que leía, y con horror comprobó que aquella viscosidad del suelo era a causa de un gran charco de sangre seca bajo sus pies y su silla, como si algo hubiese agonizado en desangramiento en aquel mismo lugar, durante toda la noche.
    Aun después del desesperante sonido rastrero en la oscuridad, del cálido aliento a carne podrida que sintió en su nuca, y del olor a sangre que ahora llenaba el cuarto, el horror, sólo logró llevarla al borde del colapso, cuando al ponerse en pie notó cómo aquel asqueroso y gigantesco rastro de sangre ingresaba por la puerta, se detenía tras su silla, formando el nauseabundo charco, y se arrastraba de nuevo, pero en dirección al armario, a su interior, de donde aún goteaba sangre.

Maria Matus

Título: Rojo Sangre
Mientras se desempañaban mis ojos podía observar que en mi mano derecha se hallaba un rojo y palpitante corazón empapado de sangre, y a medida que se aclaraba aún más mi visión pude observar en aquel sangrante órgano la rápida agitación que éste experimentaba. En aquel instante corrí desesperadamente hacia el baño por el angosto pasillo de murallas desgastadas y visualicé en el espejo el gran agujero que se hallaba en medio de mi pecho; ¡aquel agitado corazón era el mío!. No lo podía creer; estaba dando mis últimos suspiros.
¡¿Qué me está pasando?! Desperté de repente en un lugar oscuro, recostado en una larga mesa metálica con cadenas y grilletes que me ataban a ella. Justo frente a mí se encontraba un gran reflector blanco que alumbraba mi rostro; traté de escapar con todas mis fuerzas de aquellas ataduras, pero por más que forcejeaba y me retorcía para lograr mi objetivo, sólo lograba herir mis muñecas y tobillos que ahora reposaban sangrantes contra el frío metal. De pronto, escuché desde donde se encontraba ese estúpido reflector, una voz extraña, una voz que no recordaba haber escuchado antes, era una voz... ¿infantil?. Parecía la voz de un niño, que causó en mí un terror mortificante, sentía cada vez más miedo y por más que intentaba ya no podía librarme de aquellas gruesas ataduras que me apresaban en medio de aquel oscuro cuarto, ya no sabía qué hacer, no sabía que pasaría conmigo, ¿acaso moriría allí mismo?

Talyuno

Título: Noche de Halloween
Blog: Talyuno.blogspot.com 


Resultado de imagen de noche de halloween"…Cuando recobré el conocimiento, me encontraba acostado, en una camilla un tanto alta, al sentarme,  mis piernas quedaron colgando, sin siquiera tocar el suelo… Todo era demasiado oscuro, más de lo normal,  no podía ver nada, ni siquiera mis propias manos cuando las acerque a mi rostro.  Mientras me levantaba, una extraña sensación de dejadez y un intenso dolor en mis extremidades, imposibilitaban la labor, mis piernas no respondían.  Mi cerebro daba vueltas dentro de mi cráneo,  debo estar bajo los efectos de algún somnífero...

Como pude caminé hasta dar con una de las paredes de la oscura habitación donde me encontraba, se podía escuchar un extraño zumbido que parecía provenir de las frías paredes. Casi arrastrándome y ayudado por mis manos, recorrí y examiné las paredes del lugar, tratando de dar con el interruptor de la luz, pero fueron en vano todos mis esfuerzos. ¿Dónde estoy? ¿Qué lugar es este?  ¿Cómo llegue aquí…?

 Seguía recorriendo las paredes de la habitación, cuando pude percatarme de la puerta de la entrada, inmediatamente tome la manilla sin pensarlo y tire para abrirla;  para mi sorpresa la puerta no tenía el seguro. Al abrir, se dejó escuchar un aterrador rechinar, que por un segundo opacó el intenso y extraño zumbido que comprimía el lugar, dejando ver a oscuras, un gélido, desolado y tenebroso pasillo, un poco más claro que la habitación anterior, con extraños vitrales en lo más alto de una de sus paredes, que permitían filtrar la oscuridad de la noche y el audaz brillo de la luna, que de momentos se veía opacada por algunas nubes. Varias puertas en ambos lados de sus paredes, se encontraban cerradas con llave… el intenso zumbido se dejaba escuchar con estresante agudeza, a medida que me acercaba al arco de la puerta –abierta- en el final del pasillo.

 Al llegar a ella, una sorprendente parvada de murciélagos salió de la habitación, despertando en mi un susto aterrador y un incipiente escalofrío que recorrió todo mi cuerpo, erizando cada hebra de mi ser. Revolotearon en círculos, postrándose sobre mí,   emitiendo extraños sonidos, que no me permitieron más respuesta que hundirme en el suelo bajo mis pies, para –seguro- después de unos segundos -que para mí parecieron horas- verlos salir por los extraños vitrales… y arrastrándome, entré, en la siguiente habitación, que en la oscuridad parecía ser un gran salón o una sala, los pisos sucios de polvo y las telarañas en todos los lugares, me hacían entender, que no estaba habitada. Pero ¿Cómo llegue aquí? ¿Dónde estoy? ¿Qué lugar es este…? 

Se podía divisar las formas de unas deterioradas escaleras, semicirculares -que seguramente, alguna vez, han de haber sido grandiosas- que llevaban al nivel más alto de este lugar, donde había un pequeño balcón –interno- con la mitad de sus barandas; seguía mareado y la acción con los murciélagos, había acrecentado los dolores en mi cuerpo; de inmediato pude distinguir lo que parecían las puertas de salida, de este tétrico lugar.

Con todas las fuerzas dentro de mí ser, intenté levantarme y correr,  huir de este espeluznante lugar -al que nunca sabré, cómo llegué- y  seguro lo lograría.  Estaba solo a unos metros de sujetar las manillas de la puerta, cuando los estruendosos y escalofriantes gritos de terror de una mujer, se escucharon en el lugar, haciendo nuevamente que las hebras de mi cuerpo reaccionaran de manera instintiva. No pude evitar voltear hacia la parte de arriba de las escaleras, hacia el pequeño balcón, con la mitad de barandas…

¿Katrina? ¡Oh Dios mío! Katrina; ¡Sí! estaba con ella, estábamos juntos; ya comienzo a recordar…   salíamos de esa fiesta de Halloween, dimos el aventón a esa extraña pareja… ¡oh Dios! ¡Dios! Katrina…

Sin pensarlo siquiera, y por una instantánea reacción, me gire hacia las deterioradas escaleras. Suavemente comencé el ascenso por ellas. La somnolencia  de mi estado, me seguía impidiendo reaccionar  con más entereza y esmero...

 Una vez arriba, como por arte de magia, por cosas de Dios, del destino o de la malvada persona que aquí nos trajo, cesaron los gritos.

Estando arriba, a espaldas del pequeño balcón, podía divisar una pequeña estancia y una gran puerta cerrada, cubierta por incontables telarañas y polvo, que reflejaba no había sido abierta en -millones de- años. Acerque mi oreja a ella, tratando de escuchar algo dentro de su interior, solo el zumbido, que cada vez era más intenso. Para luego agacharme y tratar de ver por el orificio de la cerradura, se podía ver la luz, de lo que parecían ser velas... No se veían personas… y la puerta estaba cerrada.

Dando golpecitos suaves a la puerta, llamé a Katrina, sin obtener respuesta. 

Me encontraba muy confundido,  exploré toda la pequeña estancia, tratando de conseguir,  algún material que me sirviera para abrir la puerta y en ese preciso instante se escuchó –con claridad- el rechinar de las puertas de abajo.

Acostado en el suelo, observé hacia abajo, por el pequeño balcón, un enorme perro negro, entró con celeridad y arrogancia, olfateando por todos los rincones del gran salón hasta llegar a las escaleras. Aguantaba mi respiración y cerraba los ojos, pidiéndole a Dios, que ese animal no subiera…  ruegos que fueron en vano.  

En solo segundos tenía esos enormes y brillantes ojos rojos, acompañados de afilados y blancos colmillos, enfrente de mí…  

Se lanzó sobre mí, y por instinto de supervivencia, trate de defenderme con mis brazos… me sentí caer…

Para despertarme con un sobresalto en la seguridad y tranquilidad de mi cama, aun con el corazón acelerado y sudando frio por la terrible pesadilla que acababa de tener….

Necesitaba asearme y lavarme la cara. Me dirigí al cuarto de baño de mi habitación, la puerta estaba trabada desde adentro, mientras la luz permanecía encendida, busque las llaves entre mis cajones.  Y con gran esfuerzo, pude destrabar y abrir la puerta, para conseguir en el suelo el cuerpo desnudo y ensangrentado de Katrina…  


*Gracias por leerme.  Felices Fiestas de Halloween

¡¡¡¡A VOTAR!!! 
 

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