jueves, 12 de enero de 2017

Sexismo y lenguaje


Según la Wikipedia, el lenguaje sexista se refiere a «los rasgos que se manifiestan en cómo hablamos, relacionados con los prejuicios culturales hacia la identidad sexual, frecuentemente asociados al machismo, a la misoginia, a la misandria, o desprecio real o aparente de los valores femeninos o masculinos».

El lenguaje sexista nace de la discriminación de personas, y por ello podemos afirmar que las palabras por sí solas no son sexistas, sino el uso que se haga de ellas.

La discriminación en el lenguaje se refleja en la semántica -significado- de las palabras o expresiones que usamos, como coñazo o zorra, la primera para definir algo muy aburrido, en contraposición a «ésto es la polla» que es algo realmente divertido o bueno; y la segunda referida a una mujer de mala reputación, en contraposición a zorro, que se refiere a alguien astuto. También observamos la palabra histérica, cuya raíz significa útero, y se refiere a una persona fuera de sus cabales, generalmente mujer.
Otro ejemplo lo encontramos en expresiones como «bailar con la más fea» que se usa cuando a alguien le toca hacer algo poco agradable o molesto.


Sin embargo cuando utilizamos estas palabras y expresiones, la gran mayoría de nosotros no lo hacemos con intención discriminatoria. Entonces, ¿es sexismo? ¿Debemos cambiarlas?

Es evidente que en su origen estas palabras eran sexistas, nuestro lenguaje (como todos) es producto de su evolución, del uso cotidiano, de la tradición… Y no podemos negar que nuestra sociedad ha sido tradicionalmente machista y patriarcal. Pero, ¿siguen siendo sexistas? Y en ese caso, ¿es esto tan importante como para cambiar las reglas de uso de nuestra lengua y eliminar palabras y expresiones que están completamente integradas en nuestro vocabulario?

Mi opinión es que no, que la lengua que usamos es como es y que su evolución debe seguir los cauces naturales de cambio, el uso y el desuso, y que si una palabra debe extinguirse lo hará sin que sea necesario forzarlo. Como he dicho antes, las palabras por sí solas no son sexistas… Son palabras.
Aún así, el afán de ciertos sectores por modificar definiciones para eliminar estos casos de sexismo extremo en el lenguaje, no me parece tan reprobable como otras prácticas que cada vez están extendiéndose más. Hablo del rechazo tajante del masculino genérico.

Para evitar referirse a ambos sexos utilizando un masculino que de toda la vida se ha referido tanto a mujeres como a hombres, se han ingeniado muy diversas alternativas, una de ellas sería el desdoblamiento de los sustantivos (niños y niñas, hombres y mujeres, directores y directoras…) Y aunque hay quien encuentra ridículo, artificial y poco eficaz pasarse el día desdoblando sustantivos, se está convirtiendo en algo habitual en discursos políticos e institucionales.
Otra de las alternativas sería el uso prioritario de nombres colectivos que lingüísticamente hacen referencia tanto a hombres como mujeres –alumnado, profesorado, clientela, infancia, ciudadanía…Esta es una opción que no estaría mal, si no fuera porque estas palabras se usan poco o muy poco entre el vocabulario habitual de la gente de apie, y corremos el riesgo de no ser comprendidos como deberíamos.

En cualquier caso, debemos comprender que en la gramática española, el masculino es el género inclusivo, es decir, el que se usa tanto para el propio masculino (referirse a hombres) como para el neutro. Por eso cuando alguien dice alumnos, todos, miembros etc… no quiere referirse únicamente a los del género masculino ¡¡Está usando el neutro!!

Por otra parte no siempre la “o” es masculina y la “a” femenina, esa es una reducción a lo absurdo que no guarda parecido alguno con la realidad… Incluso a veces, en nuestro afán por ser igualitarios nos inventamos palabras, como “jueza”, y terminamos por aceptarlas oficialmente; o usamos palabras que ya existen y tienen significados muy diferentes. 
Pongamos ejemplos.
  • Policía es masculino, y termina en “a” ¿Por qué no los llamamos “policíos”?
  • Cantante no tiene ni “a” ni “o”, su género se define por medio del artículo (el/la)
  • Soldado termina en “o” pero debe usarse para ambos géneros, porque “soldada” es una palabra que ya existe y sirve para referirse al sueldo de un soldado.

Resumiendo, el lenguaje se compone de palabras, las palabras por sí solas no son sexistas, sino que lo serán en la medida en que se usen con esa intención. Si queremos evitarlo, hay mecanismos adecuados para ser igualitarios a la hora de hablar y escribir, pero en ocasiones resultan forzados y artificiales. Sin embargo, desde mi punto de vista, son preferibles a otras tendencias, como la de usar la “e” (¿¿todes?? ¿Qué demonios es eso?) o la “x” (miembrxs, ni siquiera se puede pronunciar)
Comprendamos que en nuestra lengua el masculino es el género usado para referirse al neutro, así que dejemos de hacer tonterías con el castellano, un idioma rico que tiene sus defectos pero también muchas virtudes. ¡No lo destrocemos!
 
 

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